Por qué estamos cansados de actuar: el coste emocional de aparentar estar siempre bien

16 de febrero de 2026

En algún momento, estar “bien” dejó de ser una respuesta y se convirtió en un requisito. Lo decimos casi de forma automática, incluso en días en los que no encaja del todo. “Bien” se convierte en una manera de seguir adelante sin frenar el ritmo, sin incomodar, sin pedir demasiado a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. El problema no es querer que las cosas estén bien, sino cuántas veces sentimos que tenemos que parecer que lo están, incluso cuando no es así.

Para muchos jóvenes adultos hoy en día, esta actuación silenciosa forma parte de la vida cotidiana. Aprendemos a modular el tono, el ánimo, las reacciones. Suavizamos lo que sentimos, elegimos qué mostrar y mantenemos todo ligero porque parece más fácil. No por falta de honestidad, sino por cansancio, por falta de tiempo, por estar rodeados de ruido y expectativas constantes.

Con el tiempo, todo eso pesa.

Sostener una versión de uno mismo que siempre está “bien” consume energía. Implica ajustarse constantemente, medir cuánto de ti es visible. Y aunque esa actuación sea sutil, aunque parezca normal, puede crear distancia entre quién eres y quién muestras.

Ahí es donde vive el cansancio.

No es el cansancio que se arregla durmiendo, sino el que nace de guardarse cosas, de no tener suficiente espacio para llegar tal y como eres, de sentir que siempre hay una versión de ti que tiene que estar lista.

Por eso los momentos sin actuación se sienten tan liberadores. Momentos en los que no se espera nada de ti. En los que no tienes que explicar nada, ni verte de una forma concreta, ni sentir de una manera determinada. En los que estar presente es suficiente.

No tienen que ser momentos intensos ni emocionales. A menudo son sencillos. Tiempo compartido. Juego. Curiosidad. Estar en un lugar que no te pide ser nada más que tú.

Y en esos momentos, algo se relaja. Respiras distinto. Vuelves a conectar contigo sin esfuerzo.

Ahí es donde aparece el bienestar, de forma silenciosa. No como un objetivo, sino como la consecuencia de poder ser real.

En IKONO creemos en experiencias que crean ese espacio. No ofreciendo respuestas, sino ofreciendo alivio. Lugares donde puedes salir de la actuación, aunque sea por un rato, y volver a ti a través de momentos humanos y compartidos.

Porque a veces, lo más significativo que puedes hacer es dejar de sostenerlo todo.

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